5 de octubre de 2010

Que mal día

Hoy fue unos de esos días en los que una realmente quisiera salir corriendo, en busca de silencio y paz.

Todo partió cuando mi hijo al ver la bolsa con el pan empezó a tironearla, al sacarla de su alcance, llego mi hija y también quiso sacar pan, tampoco la deje, y ahí empezó el show: pataleta y llanto en el piso, porque ella quería comer pan, le ofrecí comer fruta, o tomar jugo, pero no, la tozuda quería pan, cuando casi nunca come pan, mi hijo al ver a su hermana llorando, no se si por ser solidario, también se pone a llorar.

Le advertí a mi hija, que si seguía con ese berrinche y llorando en el piso se iría al castigo, como no se calmó, la puse en su castigo, advirtiéndole que por cinco minutos no saldría de allí. Habrá estado fácil unos 20 minutos llorando y pataleando en su sector del castigo, y yo, tal como me enseñaron, no la mire ni puse atención a su llanto, hasta que por fin se le paso, ahí conté los 5 minutos y la fuí a buscar.

Todo estuvo bien por un rato, le dí la comida a mi hijo, y llego el momento de la comida de mi hija, ella sabia que debía comer rápido, pues se iba a bañar con su hermanito y eso le encanta. Así que se sentó a comer, y empezaron los problemas, que no le gustó la comida, que la carne estaba dura, etc, etc. le dí la oportunidad de comer o sino, no se bañaría con su hermano, yo la bañaría con la ducha y no un baño de tina. Toda esta situación amenizada con el llanto de mi hijo que quería estar en brazos y agarrar el plato de su hermana.

Cuento corto, no comió, por lo tanto empecé a bañar a mi hijo, mientras mi hija lloraba, chillaba, pataleaba y se tiraba al piso gritando: "me quiero bañar, me quiero bañar", así durante 10 a 15 minutos. Ya me imagino lo que pensaban los vecinos: que soy una mala madre porque no quiero bañar a mi hija, o peor, que soy sucia y tengo a mis hijos cochinos que lloran y claman por limpieza!.

Para empeorar las cosas, saco a mi guatón de la tina, y se larga a llorar a todo pulmón, pues le encanta el agua. Y ahí estaba yo, al borde de la locura, con mis queridos hijos llorando en mi oído, luchando por ponerle el pijama a mi hijo y rogando que pararan de llorar.

Hasta que por fin se calmaron, yo creo porque se dieron cuenta que sus llantos no me causaban conmoción. La verdad es que aun no tengo claro como logré mantener la calma, pero lo hice.

Vestido y calmado mi hijo, lo dejé en su andador y bañe a mi hija, obvio que en la ducha, porque las amenazas ahora las cumplo. Por suerte no tuve inconvenientes, parece que se agotaron de tanto llorar, y ya no tenían mas fuerzas para portarse mal, jeje.

Cuando por fin estaban en sus camas, durmiendo como unos angelitos, lo único que deseaba era fumarme un cigarro y tirarme en la cama. Que final de día más agotador.

Bueno, se preguntarán donde estaba mi marido durante todo este caos... pues adivinen: en su partido semanal de fútbol. Quien como él, no?



2 comentarios:

Berenice Garcia dijo...

Ay, sí te entiendo!! hay días en que uno tiene ganas de salir corriendo, pero sólo queda en el intento, porque es imposible...
Ya hasta me estoy animando a escribir las peripecias que he pasado, jiji...

mamacuentista.blogspot.com dijo...

jajaja, me he sentido totalmente identificada contigo, ¿como somos capaces de mantener la calma?