Desde que soy mamá, siempre ha rondado por mi cabeza como explicar a mis hijos ciertas situaciones y temas difíciles y complicados. Muchas veces me he preguntado de que forma los abordaré con ellos, como por nombrar algunos, lo pueden ser la sexualidad, las drogas y la muerte de un ser querido.
Lamentablemente esta semana tuve que hablar con mi hija sobre uno de ellos: la muerte de un ser querido. El lunes nos enfrentamos con el sensible fallecimiento de mi abuelo, al cual mi hija tenia un profundo y sincero cariño.
Mi abuelo fue una persona que no solía demostrar mucho sus sentimientos, descendiente árabe, fue criado muy machista, incluso siempre notamos un cariño mas especial hacia mi hermano, el único varón de sus 7 nietos. No era de esos abuelos que andaban abrazando y jugando con sus nietos, demostraba su cariño de otras formas. Y nosotros estábamos acostumbrados a ello y así también lo queríamos.
Dicen que con los años las personas se van ablandando, y así creo que fue con mi abuelo. Aún recuerdo la emoción en sus ojos cuando le lleve a mi hija recién nacida, para que la conociera. Desde ese momento demostro cariño y ternura hacia ella, y mi hija también hacia él. Cuando conoció a mi hijo, recuerdo perfecto sus tiernas y orgullosas palabras: "un varocito, un machito...", como queriendo decir: "otro varón a mi descendencia".
Cuando nació mi hija, mi abuelo ya no vivía en nuestra casa, sino en una casa de reposo que quedaba al frente de la casa de mis papás, pues necesitaba cuidados especiales (debido a problemas en sus piernas), que mi mamá no podía dárselos de manera integra (en esa epoca aún no jubilaba). Mi mamá iba todos los días verlo y preocuparse que le dieran sus remedios y los cuidados necesarios.
Por eso también mi hija creo lazos especiales con él, pues desde pequenita, cada fin de semana que íbamos donde mis padres, ella acompañaba a mi mamá a ver a mi abuelo, le ayudaba a darle sus remedios y conversaba con él. Con vergüenza, debo admitir, que mi hija lo visitó y acompañó en sus últimos años de vida, mas que yo.
Durante el ultimo mes, el estado de salud físico y mental de mi abuelo empeoro, por lo que mi mamá decidió que mi hija no fuera más a visitarlo, pues encontró que era un poco fuerte para una niña tan pequeñita. Incluso, algunas veces quedo llorando en casa, pues quería visitar al "Tatá Lolo", aun explicandole que el Tatá estaba muy enfermito y cansado.
Hasta que llego esa llamada telefonica de mi madre, que temia oir. Me fui pensando todo el trayecto a casa de mis padres, como debía decírselo, en que momento, que palabras usar, y como explicarlo.
Decidi que debia hacerlo, esa misma tarde, antes de irme al velorio. Así que me arrodille a su lado, y le dije que con el papá íbamos a salir, que teníamos que acompañar a la Abu, porque el Tatá Lolo ya no estaba con nosotros. Me miro y pregunto si se iba a morir. Le explique que ya se había muerto, que estaba descansando pues estaba muy enfermito, que se había quedado dormido.
Me miro con ojitos de pena, y me dijo que quería ir conmigo. Le respondí que hoy no, pero si mañana quería ir a despedirse de él, me podría acompañar. A lo que me movió su cabeza afirmativamente. La abrace y le di un beso. En ese momento llego mi nana (mi siempre salvadora, ya escribiré un post sobre ella), quien la empezó a entretener, para que yo pudiera salir tranquila.
Al otro día en la mañana, le pregunte si quería ir un rato a despedirse del Tatá, me miro con cara angustiada y me dijo que no. Por una parte sentí alivio, no se si hubiese sido una buena decisión el haberla llevado. Prefiero que se haya quedado con el recuerdo de mi abuelo, acostado en una cama o sentado en su silla de ruedas, que el verlo dormido y encerrado en un ataúd, rodeado de flores y gente triste alrededor.
No sé si afronte la situación de la mejor manera, o si mi modo de decirselo fue la correcta. Tampoco sé, si ella realmente entendió que había pasado. Lo cierto es que ahora ya estoy preparada para contestar sus futuras dudas, si las tiene.