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29 de marzo de 2016

Nuevo Omo Multiacción

Con tres hijos se pueden imaginar la cantidad de ropa que se lava aquí durante la semana, y ropa que tiene manchas de todo tipo (comida, barro, dulces, tempera, etc), pantalones con rodillas manchadas con pasto y calcetines tan sucios por andar generalmente sin zapatos. 

Siempre he lavado con detergente líquido de otra marca, pero me aburrí de gastar tanto para que la ropa no quede tan limpia como me gustaría. Por eso decidí cambiarme al Omo Progress, el cual me tiene muy contenta.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de probar el nuevo OMO Multiacción, si bien al principio dude un poco, principalmente porque era en polvo, y ya estaba acostumbrada al otro, me dio una grata sorpresa con los excelentes resultados para combatir las manchas más difíciles. Con su nueva fórmula que fue rebalanceada para entregar todos sus beneficios con un mejor sistema blanqueador. 

Es un producto que simplificará aún más el proceso de lavado gracias a su capacidad de remover hasta las manchas más difíciles como las del aceite de cocina, salsa de tomate y helado de chocolate, entre otras.

La nueva fórmula de OMO Multiacción cuenta con eficaces activos de limpieza que actúan facilitando la remoción de manchas difíciles en el primer lavado. Además integra un sistema blanqueador más eficaz que actúa sobre telas. 

Desarrollado con altos niveles de control y calidad, la nueva fórmula de OMO Multiacción fue diseñada especialmente para considerar las necesidades de los consumidores que buscan una limpieza espléndida. 

Por ejemplo su acción efectiva permite remover las manchas de 390 poleras, 624 calcetines y 89 pantalones con sólo 3kgs de detergente, demostrando un rendimiento garantizado. 

¿Increíble no? Sobretodo para las que tenemos niños pequeños que les gusta jugar a trapear el piso con su cuerpo, a ser orugas en el pasto o cocinar con barro. 

23 de marzo de 2016

Una Hora Más de Sueño (Reportaje)

En mi post pasado sobre nuestras difíciles mañanas les comenté que leí un articulo muy bueno con respecto al sueño de nuestros hijos y como el retrasar el horario de entrada a los colegios ayudaría al rendimiento escolar, donde se entrevista a especialistas que hablan de la importancia de cuidar el sueño de los niños y adolecentes, comparto con ustedes el reportaje completo, del diario La Tercera, en su sección Tendencias del día 5 de marzo del 2016.


Una hora más de sueño

Los especialistas coinciden en la importancia que tiene para el aprendizaje y el desarrollo de los niños y adolescentes que duerman suficiente, y alertan de que hoy existe una "epidemia de trastornos de sueño". En Estados Unidos y Gran Bretaña no sólo llaman a los padres a cuidar las horas de descanso de sus hijos, sino que incluso están retrasando la hora de ingreso a los colegios.

Miércoles 2 de marzo. Son las 8.50 de la mañana y mientras gran parte de los estudiantes del país están en clases conociendo a sus nuevos profesores o pasando materia, en el Southern Cross School, en Las Condes, un grupo de papás y mamás acaba de dejar a sus hijos en la puerta del colegio. No llegaron tarde por culpa del tráfico ni se quedaron dormidos; en este establecimiento los alumnos entran a las 8.45.

“A mí me parece maravilloso que puedan entrar más tarde porque duermen más y porque a esta hora hay menos taco”, dice Bárbara Lari, apoderada de prekínder. “Mi hija Isabella se acuesta a las ocho y media y se despierta en forma natural un cuarto para las ocho, sin alarma. Además, tomamos desayuno en familia”, comenta por su parte Ricardo Torres (40), apoderado de kínder, mientras Felipe Torrealba (44), que tiene hijos en primero y segundo medio, vivió la experiencia de llevarlos a un colegio que tocaba el timbre a las 7.45: “Este horario es más tranquilo para todos y los niños no se tienen que levantar a la seis de la mañana. Están más contentos así. La levantada para el otro colegio era muy estresante”, dice.

La decisión de diferir el horario de entrada del Southern Cross School de 8 a 8.45 se tomó hace más de 20 años por una cuestión práctica: es el último de varios colegios en unas pocas cuadras, así que por el taco que se formaba en avenida Las Condes los niños igual llegaban pasadas las ocho y media. “Era absurdo seguir insistiendo en algo que no estaba favoreciendo a nadie”, explica la subdirectora, Shannon Watt, y agrega que los papás y mamás que entran temprano a trabajar pueden dejar a sus hijos desde la ocho en el colegio en una sala especial. 

El tema de la hora de entrada cobra relevancia esta semana en que los niños entraron a clases porque al igual que en 2015 este año se mantendrá el horario de verano los 12 meses. Algunos establecimientos han buscado esquivar la falta de luz de día retrasando el horario de ingreso hasta las nueve entre junio y septiembre. “Los alumnos llegaban adormecidos y con los apoderados llegamos a la conclusión de que se debía a la falta de luz”, dice Rubén Marcos Quezada, director de la Escuela Villa Las Peñas de Mulchén, en la Novena Región. El Colegio Villa La Granja, de la misma localidad, hizo lo mismo.

Pero el problema es más profundo que la mantención o no del horario de verano. Si en algo coinciden actualmente neurólogos y especialistas en desarrollo infantil y adolescente es en la importancia que tienen las horas de sueño para una serie de actividades, partiendo por el aprendizaje. Pese a eso, varios diagnostican una verdadera “epidemia de trastornos del sueño”. Esa es la razón por la que en Gran Bretaña y Estados Unidos se han encendido las alarmas ante los efectos que está teniendo en los niños empezar la jornada muy temprano. El año pasado, tanto la Asociación Americana de Pediatría como el Centro de Control de Enfermedades (CDC) llamaron a las escuelas a postergar la entrada hasta después de las 8.30. Incluso en ese país se formó una ONG llamada Start School Later, es decir, “Empecemos la escuela más tarde”.

También en 2015 el profesor de la Universidad de Oxford y experto en el estudio de los ritmos circadianos, Paul Kelly, acaparó páginas en los medios británicos cuando dijo, más radicalmente, que comenzar la jornada antes de las 10 es una verdadera “tortura”. 

Nueve horas de sueño, una meta imposible

“Al que madruga, Dios lo ayuda”, dice un antiguo refrán. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de lo contrario, de que despertar demasiado temprano, alterando los ciclos naturales del sueño, provoca problemas físicos, cognitivos y sociales, los que impactan con más fuerza a quienes están en proceso de crecimiento. 

Nadie puede modificar su patrón de sueño, el que es fijado por la luz del sol. Nuestros ritmos circadianos no han cambiado, sino que el cambio viene desde la escuela, que es una invención moderna, explica Paul Kelly. “Si los padres supieran que sus hijos se enferman más a menudo, aprenden menos en la escuela, y tienen mayor tendencia a consumir drogas o ser obesos sólo por despertarse demasiado temprano, es muy probable que hacer el cambio, que no tiene ningún costo, les parecería una alternativa muy deseable”, explica.

“Si los niños entran al colegio a las ocho de la mañana pierden dos horas de clases”, asegura aquí en Chile John Ewer, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso, y agrega que el ideal es que estén lo más despiertos posible cuando van al colegio. La mejor manera de comprobarlo es ver lo que pasa el fin de semana, dice Ewer, cuando los niños y adolescentes se despiertan sin ayuda de una alarma. “A partir de los 10 años, aproximadamente, los niños empiezan a despertarse naturalmente más tarde que los adultos, lo que ocurre hasta los 22 años, más o menos. Es decir, todo el tiempo que van al colegio y la universidad”, asegura. Eso significa que al despertar a la 6 de la mañana, con despertador, se pierden entre tres o cuatro horas de sueño. 

Esto se explica por un fenómeno llamado “Síndrome de la fase del sueño retrasada”, comenta la investigadora Kyla Wahlstrom, de la Universidad de Minnesota, quien se ha dedicado por más de una década a estudiar cómo los horarios escolares afectan los ciclos de sueño de los niños. “Culturalmente se asume que los adolescentes son flojos, pero la verdad es que sus cerebros no están listos para despertar cuando ya están entrando a clases. No son miniadultos, su cerebro aún está en desarrollo”, dice. 

En concreto, el cambio en los patrones de sueño que comienza a desencadenarse en la preadolescencia significa que la secreción de melatonina (la llamada hormona del sueño) se retrasa en los jóvenes, quienes recién a las 10.45 de la noche sienten deseos de dormir. Esto, junto con el hecho de que su cerebro aún necesita dormir unas nueve horas, tiene como efecto automático que despierten, naturalmente, alrededor de las ocho de la mañana. Sumado a los numerosos estímulos existentes, en particular el uso de tablets y smartphones, es cada vez más difícil que consigan las preciadas horas de descanso. “Hoy se cree que el uso de tecnología en la habitación es la mayor causa de los trastornos de privación de sueño, además de irse a acostar muy tarde o levantarse muy temprano”, agrega Wahlstrom. Frente a ello, la académica aspira, al menos, a ocho horas de sueño, lo que le parece más “realista”. 

Tras estudiar el funcionamiento de los cerebros de niños y adolescentes durante años, la recomendación de Paul Kelly y los investigadores del Instituto de Sueño y Neurociencia Circadiana (SCNi) de Oxford puede parecerles a muchos impactante: a los 10 años, los niños deberían entrar al colegio entre las 8.30 y 9 de la mañana; a los 16 entre las 10 y 10.30 y a los 18 años entre las 11 y 11.30.

Recomendaciones similares presentadas por la CDC en 2015 se basaron en un estudio liderado por Wahlstrom. Su equipo siguió por tres años a casi nueve mil estudiantes en tres estados donde algunos colegios retrasaron su horario de entrada a las 8.35 o después. Como resultado, más del 60 por ciento de los estudiantes consiguió al menos ocho horas diarias de sueño durante la semana. Los que dormían menos que eso reportaron síntomas de depresión significativamente más altos y mayor consumo de cafeína y uso de sustancias. 

Además, estos colegios mostraron mejoras en aspectos como el rendimiento académico, tasas de asistencia y número de atrasos. Incluso los accidentes de tránsito que involucraban a conductores de entre 16 a 18 años se redujeron en un 70 por ciento cuando la escuela cambió el horario de entrada.

El neuropsicólogo pediátrico Dean Beebe, quien también fue parte del estudio, lo resume así: “Toda persona que haya ido al trabajo con una gripe sabe que, si te sientes pésimo, no puedes rendir bien, estás sobreviviendo al día. Lo mismo pasa con los adolescentes; si te sientes horrible, no puedes aprender bien”. 

Pero aprender no es el único problema. Por ejemplo, los jóvenes que duermen menos de ocho horas tienden a consumir alrededor de 150 calorías extras por día, principalmente de dulces. 

La vía para un cambio

Mariana Aylwin recuerda que cuando fue ministra de Educación entre los años 2000 y 2003, en algún momento se planteó diferir el horario de ingreso a clases, “pero no estaba relacionado con el sueño de los niños”, recuerda, sino con el tráfico. 

La idea circuló, aunque no quedó en nada, con motivo de la implementación de la Jornada Escolar Completa, en el año 2000. La Secretaría de Planificación de Transporte (Sectra) encargó una encuesta a la Universidad de Chile para analizar algunas iniciativas que permitieran una mayor racionalización en los viajes del transporte público. Una de ellas era precisamente diferir el horario de entrada a los colegios. 

La encuesta, que fue respondida por mil hogares de la Región Metropolitana, arrojó que el 63 por ciento de los apoderados preferían que los escolares de educación básica y media ingresaran a clases a las 9.15 de la mañana en lugar de más temprano. Sólo el 8,3 por ciento de los encuestados mencionó que si se cambiaba la hora de ingreso ya no podrían ir a dejarlos al establecimiento y un 5,9 por ciento destacó que levantarse tarde crearía malos hábitos.

Una preocupación que recoge la sicóloga Sylvia Langford: hay que generar hábitos y esto no se puede hacer acomodando los horarios porque los niños no se acuestan temprano. “En el sur dicen: es que ha llovido mucho, pero siempre ha llovido. En Los Vilos cambiaron el horario de un colegio porque estaba oscuro, garuando y los niños se iban a resfriar. ¿Un chico no puede ir con una parka cuando está garuando?”. 

A la neurosiquiatra Amanda Céspedes también le preocupa un impacto que podría tener cambiar los horarios, pero por otras razones. “Creo que retrasar la entrada es una muy buena iniciativa, pero tiene sus bemoles. Los niños pueden sentir que tienen permiso para acostarse más tarde porque al día siguiente pueden dormir media o una hora más. La otra dificultad es que el horario de salida de clases se va a retrasar, y si llevan tareas para la casa, este también puede ser un factor que retrase la cena y la hora de ir a la cama”, explica.

Los estudios de Kyla Wahlstrom dicen que los jóvenes no se acuestan más tarde cuando el horario de clases se retrasa. Sus cerebros les piden dormirse a la misma hora y consiguen dormir más. Aún así, y reconociendo que hacer este cambio tiene un impacto significativo, los investigadores de Minnesota afirman que se puede hacer más. “Atrasar el horario no nos libera como sociedad y como padres de sacar, por ejemplo, el teléfono de la pieza. Hay muchas más cosas que se pueden hacer”, dice Beebe.

Aquí, un estudio realizado por el Boston College utilizó datos de la prueba Timms 2011 y concluyó que Chile se ubica entre los ocho primeros países (de un total de 50) donde los escolares sufren mayor privación de sueño. Según ellos, casi dos tercios de los estudiantes de cuarto básico y tres de cuatro de los de octavo ven limitada la enseñanza de matemáticas y ciencias por la falta de sueño. El estudio tomó como base la opinión de los mismos profesores. 

Paulina Medel, profesora de Lenguaje de séptimo y octavo del colegio Altamira -donde los niños llegan a las 8.30 pero las clases comienzan a las 8.45- dice que no hay una norma desde la casa para cuidar el sueño de los estudiantes. “Hay niños que me cuentan que se duermen tarde porque se quedan jugando Play o contestando el WhatsApp hasta las dos o tres de la mañana. A veces hay que pedirles que se vayan a lavar la cara porque no dan más”. 

Por eso Medel les encuentra razón a los investigadores. “El horario ideal para hacer clases es de 10.30 a 12. Las sesiones son mucho más activas, hay más participación, más atención y posteriormente recuerdan mejor las materias que tuvieron a esa hora”. Dayana Acevedo, profesora de inglés en la media del Southern Cross, relata una experiencia similar: “Después del primer recreo, los niños están activos, ya han comido -porque algunos se vienen sin desayuno porque les da lata o porque salen corriendo-, entonces tienes a un niño que ya pasó por un proceso de despertar, se alimentó y compartió con sus amigos. Es lejos la mejor hora”. Con esto en consideración, varios colegios han optado por colocar los ramos “troncales”, como matemática o lenguaje, después del primer recreo de la mañana.

¿Se pueden cambiar los horarios? En el Mineduc explican que no mandatan ese aspecto, y que cada colegio lo decide mientras se cumplan las horas lectivas exigidas. Algo similar sucede en Estados Unidos, por lo que la recomendación de los expertos es que la determinación sea tomada en conjunto. “Las comunidades educativas deben informarse sobre las ventajas de este cambio y debatir sobre cómo implementarlo mitigando cualquier dificultad”, dice Wahlstrom. 

Entre estas dificultades está la preocupación de los papás para coordinar las nuevas entradas con las de sus trabajos, el choque con las actividades extracurriculares, el caso de los jóvenes que trabajan o cuidan a sus hermanos pequeños, entre varios otros. Pero Wahlstrom aclara que, dado que el cambio sí puede ser disruptivo, en caso de que un un colegio se decida a retrasar la entrada es mejor hacerlo “con todo”, es decir, que sea significativo y retrase al menos una hora la entrada, para así obtener todos los beneficios.

Lee el reportaje de su original aqui.

4 de enero de 2016

¡Vacaciones! ¿y ahora que hacemos?

La época del año que más espero y adoro es el verano, que se traduce en una sola palabra: vacaciones, ya no hay colegio por casi 3 meses, lo que significa no más tareas, ni estudiar, ni talleres deportivos, ni campeonatos, ni manejar todo el día de la casa al colegio y viceversa peor que transporte escolar, y lo mejor de todo no levantarse al alba.

Pero también es la época del año que más escucho la frase "estoy aburrido(a), que podemos hacer" y supongo que les pasa a todas las mamás que nos cabeceamos buscando ideas y panoramas entretenidos para hacer con nuestros hijos.

Se podría decir que nosotros tenemos suerte y nos aprovechamos de mis papás que tienen casa con piscina, así que nos instalamos desde antes de navidad en su casa, hasta febrero que nos vamos a la playa, pero aun así, escucho continuamente esa frase. Claro que tengo algunas actividades vistas como ir al cine y espero que no hayan muchos estrenos infantiles porque no hay bolsillo que resista jajajaja, también pensamos visitar con otros amigos el Buin Zoo Nocturno a ver que tal resulta esa experiencia, además tenemos agendadas algunas juntas con sus compañeritos de colegio, que creo que es el panorama que mas les gusta.

Aún así no creo que el tiempo nos alcance para mas actividades fuera de casa, porque convengamos que también agota estar saliendo de paseo con tres niños y no perderle de vista a alguno, sobre todo cuando estas actividades serán en la semana y mi marido por trabajo no puede acompañarnos.

Otras actividades que hacemos cada verano en casa son las manualidades, como trabajar con papel mache y greda, pintar tubos de papel higiénico. Otra actividad entretenida ahora que la Mayor y el Mediano están más grandes es jugar al Monopoly y el Uno, claro que muchas veces estos juegos son interrumpidos por el Menor, que quiere imponer sus propias reglas en los juegos, aunque poco a poco le hemos enseñado que las reglas del juego deben respetarse, jeje.

Y ustedes ¿que tienen pensado para estas vacaciones de verano? Si aun no saben que hacer en mi próximo post les daré algunas ideas de actividades para que ustedes y sus hijos disfruten de estas vacaciones.

6 de septiembre de 2013

Amigos Imaginarios III

Los que me leen desde hace tiempo, recordarán que la Mayor cuando era más pequeña tenía dos amigos imaginarios Pilen y Pilun. Bueno, ahora es el Mediano el que ha heredado a uno de estos amigos, Pilun.

Desde hace un par de meses que Pilun se ha hecho recurrente en el vocabulario de mi hijo. Pero a diferencia de la Mayor, que con sus amigos imaginarios solo jugaba, divertía e inventaba historias y en muy pocas ocasiones los culpaba de algo, Pilun se ha transformado en la excusa perfecta a cualquier embarrada que se mande el Mediano. Pilun es el que desordena los juguetes, el que empuja a el Menor, el que romper un cuaderno o el que le dice tonta a la Mayor.

Si bien no me gusta que se escude en otros para justificar su comportamiento, no deja de causarme gracia que hablé de Pilun con tanta naturalidad. Me imagino es porque por mucho tiempo escucho a la Mayor hablar de ellos, que Pilun ya es de la familia. No sé que habrá pasado con Pilen, porque de él no habla, jeje.

Varias veces hemos ido en el auto y me dice que Pilun lo esta molestando y cuando le preguntó donde esta, me dice que va al lado de él, en la silla del Menor. O cuando esta jugando muy entretenido, me dice que Pilun esta jugando con él. Me da risa cuando a veces escucho a la Mayor decirle al Menor que Pilun es "MI amigo" y que ella se lo presta sólo un rato para jugar. 

Recuerdo que al principio, cuando la Mayor empezó a hablar de estos amigos, me asusté, luego aprendí a convivir con ellos y verlo naturalmente. Me gusta esa ingenuidad y gran imaginacion que tienen mis hijos. Y como dije en el post que escribí sobre Pilun y Pilen (Amigos Imaginarios I y Amigos Imaginarios II), el día que desaparezcan de sus vidas, es que mis hijos han crecido y no sé sí quiero que llegue ese momento.

Sin duda, en este caso "lo que se hereda no se hurta" como dice el dicho. Me pregunto que pasará más adelante con el Menor ¿heredará también a Pilun?, jajaja ya lo veremos más adelante.


27 de agosto de 2012

"Maternidad y crianza: ¿cuándo comenzaron las cosas a cambiar?", de Belén

Hoy quiero compartir esta reflexion de nuestra amiga Belén, una mamá española que en su blog Mamá sin Complejos nos habla de como la Maternidad y Crianza pudo haber cambiado tanto de como sucedia en los tiempos de nuestros abuelos hasta la actualidad. Los invito a leerla y darnos cuenta de cuanta verdad hay tras sus palabra. 


"¿Cuándo comenzaron las cosas a cambiar? Recuerdo a mi abuela contar que ella crió a sus cinco hijos trabajando en el campo. Ella vivió una larga vida, eran gente humilde, de campo. Había que salir al campo a trabajar. ¿Y sabéis lo que hacía con sus hijos, con los que aún no andaban, con los que no comían? Se los ataba al cuerpo y así podían mamar (esto de los fulares no es una modernidad de hoy día). Ellos se alimentaban y mi abuela trabajaba. Seguro que a muchos os suena esto, seguro que vuestros familiares os han contado alguna historia similar. Cuando ya comían, caminaban y se hacían más independientes ahí estaban las abuelas, las tías, las vecinas..... ¡la tribu! para echar una mano. Que me toca a mi ir al campo, me quedo yo con los churumbeles. Que te tienes que ir y este quiere teta, deja que ya le doy yo. Que te pones mala y parece que el niño no mama bien, ya le doy yo que tengo para todos. Mi abuela amamantó a varios sobrinos al tiempo que criaba a mi madre. 
 
Que el niño llora de noche, pues tendrá hambre, a la teta y a la cama, que no ando como para perder el tiempo, mañana al amanecer hay que estar arriba. Y así hacían, sin preocuparse mucho por lo que la vecina diría, por si el niño se convertiría en un tirano, por si se malcriaba. Ahí había que ir a lo práctico, chuminadas las justas, que la vida era muy puta y si se trabajaba se comía, sino..... ni eso. Se criaba a los hijos de modo casi mecánico, las mujeres asumían su rol sin hacer preguntas, quizá con miedo pero no quedaba otra. Entre todas se ayudaban y los críos salían adelante. No me imagino yo a mi abuela mirando el reloj mientras alguno de mis tíos o mi madre lloraba en la otra habitación porque "hay que enseñarle a dormir", lo que se hubiera reído mi abuela de estas tontunadas. 

Pero, ¿cuándo comenzó a cambiar esto? Y sobre todo, ¿por qué? Mi suegra, con sus 78 años, ya me cuenta que cuando tuvo a su primer hijo, que hoy cuenta 48 primaveras (año arriba año abajo), el médico le decía que le dejase llorar en su cuna, que no era bueno coger a los niños en brazos, que llorar le ensanchaba los pulmones. Y ella se sorprendía enormemente al verme con el nene todo el día en brazos y no entendía. Y es que claro, ¡en su día se lo había dicho el médico! y en aquel entonces lo que decía el médico y el cura ¡¡iban a misa!! nunca mejor dicho. 

Entonces yo pienso que las cosas empezaron a cambiar cuando los médicos, en su mayoría hombres en aquella época, se metieron en lo que -en su día- eran cosas de mujeres. Mi abuela jamás parió con un médico, ni consultó cómo dar el pecho, ni pesó a sus hijos, ni le preguntó a nadie cuándo debían comenzar a comer, ....., todo eso "se sabía", las mujeres lo sabían porque otras mujeres se lo contaban, porque entre todas se enseñaban. Parir y criar, tan antiguo como la especie humana eran artes aprendidas y establecidas entre el género femenino. 

Bien es cierto que la figura del profesional médico surge para minimizar los riesgos, para asegurar el bienestar de mujeres y bebés. Pero me parece a mi..... solo me parece..... que su afán higiénico ha provocado una evolución y una serie de cambios que laten aún en nuestros días. Se redujeron los riesgos y las muertes de las mujeres gestantes, se sacaron más bebés adelante, y todo ello en una época en las que las condiciones higiénico-sanitarias no eran las más óptimas. Dedico una merecida ovación a los profesionales de entonces por este logro. Pero por desgracia, la higiene, la reducción de la mortandad y la mejora de otras condiciones trajeron una serie de consecuencias muy negativas.

Se dejó de parir en los hogares, y al principio las pudientes y después casi todas acabaron pariendo en el hospital o clínica de turno. Llegaron los nidos, el apartar a la madre de su bebé, se acabó la lactancia y se dio paso a los biberones y las leches artificiales. Y todo comenzó a cambiar, y todo el mundo empezó a participar, a opinar y a decir a las mujeres, a las madres, lo que tenían que hacer. Y las mujeres empezaron a pensar que todo aquello que hacían por instinto o porque lo veían en sus comadres estaba mal, y ciegamente comenzaron a obedecer. No nos olvidemos que en la España de hace unas décadas, el médico, el profesor y el cura tenían mucho que decir. 

Y así las mujeres nos vimos condenadas a no seguir haciendo algo para lo que naturalmente estamos preparadas, algo que hemos hecho a lo largo de millones de años: parir y amamantar. Y generación a generación, desde entonces, se ha ido transmitiendo esto de "nena tu haz caso al médico que sabe lo que se hace". Y las nenas hemos entrado en ese bucle absurdo hasta llegar al día de hoy donde las mujeres no saben de instinto, donde despertamos a nuestra femeneidad tarde, cuando ya hemos parido, es ahí donde nos damos cuenta, al tener a nuestro bebé en brazos de todo lo que nos han robado. 

El miedo a parir, el miedo a no saber qué hacer, el miedo a no saber lactar, el miedo a que tenga hambre, el miedo, el miedo, el miedo. "Llama al médico a ver qué dice" me decía una y otra vez mi madre aterrada si mi bebé hacía algún gruñido raro, o si lloraba. Ella, madre de dos hijas, pero perteneciente a esa generación de mujeres a las que se les arrebató el instinto y en su caso la lactancia. El médico manda, y si el médico dice que tu leche no es buena, pues al biberón y santas pascuas. Más que médicos, ¡parecían dioses! y las mujeres simples mortales que no tenían idea de nada. 

Mi abuela era una mujer de pueblo, no sabía leer ni escribir, pero sacó cinco hijos adelante en un pueblo de mala muerte a base de trabajar, de apoyarse y ayudarse de su familia y tribu. No tenían para mucho, mucho menos para médicos en aquel entonces. Y en medio de toda aquella ignorancia de un pueblo de Extremadura crió a sus hijos. 

Hoy, somos mujeres formadas e informadas, personas con un nivel cultural en muchos casos medio o alto. ¿Realmente no nos creemos capaces de criar sin consultar a los expertos? 

Este post te lo dedico a ti abuela, por ser una gran mujer que tuvo una vida difícil pero que aún así tuvo fuerza y valor para vivir 97 años."


******** Puedes leer el texto original AQUÍ ********

18 de mayo de 2011

Sobre nuestro Encuentro

Mamás Blogueras
Tenía pendiente este post hace unos días y solo hoy pude hacerme un tiempo para contarles como nos fue con el Primer Encuentro de Mamás Blogueras Chilenas. 

La reunión la teníamos acordada para las 20:00 hrs, pero por circunstancias ajenas a nosotras (el caos generado en las calles de Santiago por la protesta en contra de HidroAysen), recién pasadas las 22:00 hrs estuvimos juntas las 8 mamás que habíamos confirmado asistencia. 

Fue una velada fantástica y enriquesedora. Nos reímos mucho, conversamos un montón sobre nuestras vidas, parejas o esposos, suegras, mamás, hijos y muchos temas más. Fue muy agradable conocerlas en persona y no solo por nuestros relatos en el blog. Nos dimos cuenta que aun teniendo distintas realidades personales, todas compartíamos muchas cosas en común.

Por supuesto que esta no será la última de nuestras reuniones, la idea es que sigamos con esto. Así que espero que para las futuras juntas puedan asistir mas mamás, sobre todo las de regiones (ya se esta pensando en algo para eso). Y porque no, pensar en grande, y algún día hacer un encuentro internacional.

Quiero agradecer a todas las que pudieron asistir a esta invitación: Jenny de Mamá Inexperta, Vicky de Historias de mis Princesas Gemelas, Claudia de Soy terrible e' chucheta!, Sonia de Mamá Terapeuta, Marisol de Soy Mamá!, Angela de Leito y Daniela de Criando a Adela. Fue un gustazo compartir con ustedes.

Agradecer también la presencia de Revista Carrusel, que se intereso en nuestra junta e hicieron unas mini-entrevistas sobre nuestra experiencia de ser mamás 2.0 (como ellas nos llaman) y también sobre nuestra visión de la maternidad y crianza.

Nos vemos en la próxima!!

Para ver más fotos del encuentro pinchar aquí

Pd: Vicky, mil gracias por el regalito que nos diste de recuerdo del encuentro!!

13 de septiembre de 2010

Las Madres Perfectas

Hay mujeres que se pasan el tiempo preocupadas del qué dirán, demostrándole al mundo y al resto que son una madres perfectas, que además tienen hijos perfectos. La verdad es que no soy muy amiga de esas madres, es más, prefiero alejarme de ellas, soy más cercana a las madres imperfectas como yo, será por eso también que la mayoría de mis amigas también son de aquellas madres que aprenden con el día a día.

Apuesto que conocen a más de alguna “madre perfecta”, aquella que todo lo hace bien, que nunca se queja de nada, que puede hacer el aseo en casa, cocinar y entretener a sus hijos sin ningún problema y mejor aun, sin ayuda. Aquella que se puede cansar, pero jamás lo dirá. Son mamás que se desviven por sus hijos día y noche, porque ellas son “mamás” antes que ser mujer.

La madre perfecta jamás pondrá en Facebook o Twitter que sus hijos se portan mal, o que son mañosos o tienen pataletas, es más, nunca dice nada malo de sus hijos, porque como ella es perfecta, sus hijos también lo son. Están todo el tiempo hablando que sus hijos son los más inteligentes del jardín, son los más altos para su edad, los que primero hablan y caminan, los más talentosos del grupo, etc. Siempre comparando a sus hijos con el resto de los niños y demostrando que son mejores que los demás. Y por supuesto, se ciegan con la perfección de sus hijos, aunque un profesional (profesor, doctor, psicólogo, etc.) les diga que tienen algún problema, ellas lo ignoran. Así sus hijos viven tratando de ser los mejores en todo y cumplir con las expectativas de sus padres y no desilusionarles, esperando siempre su visto bueno.

Estas madres, me miran asombradas, porque soy capaz de decir, sin vergüenza, que mi hija va al fonoaudiólogo o que la llevé al psicólogo. Me creen la peor madre del mundo porque a veces digo que mis hijos me agotan, me quejo que se portan mal, digo que me gustaría salir más seguido con mis amigas, o simplemente porque pretendo ser mujer y mamá al mismo tiempo. Porque trato de vivir mi vida y criar a mis hijos, no criar a mis hijos sin vivir mi vida.

Claramente no soy una madre perfecta, y jamás pretenderé serlo, tampoco me importa si alguien cree que soy mala madre. No me importa si mis hijos son más altos o más bajos, si son más o menos inteligentes, o si son más aventajados que el resto.

Lo realmente importante es que tratemos cada día de ser unas grandes madres, importándonos que nuestros hijos crezcan felices y amados tal como son.