28 de julio de 2014

¿No más papillas? El Baby-led Weaning

Anteriormente les había contado sobre el método de alimentación autorregulada por el bebé o Baby Led Weaning en "Mi bebé y el Baby Led Weaning", el cual apliqué con el Menor, con excelentes resultados para nosotros. Hoy comparto un artículo del BLW que publicó la Revista Mujer de La Tercera, con distintos puntos de vista sobre su practica, donde además cuento brevemente mi experiencia.



¿No más papillas?


"Guaguas que de tomar solo leche pasan directamente a comer trozos de verduras cocidas, frutas y carne que ellos mismos manipulan y chupan o mastican con sus encías o primeros dientecitos. El sistema se conoce como baby-led weaning y, aunque tiene detractores, quienes lo practican o conocen hablan de atractivas ventajas."

La nutricionista inglesa Gill Rapley experimentó con su tercer hijo que el destete y la introducción de nuevos alimentos es más fácil si el control de este proceso se entrega a la guagua, sin pasar por las papillas. Comenzó a sugerir esta fórmula a otros padres y en 2008, junto a Tracey Murkett, escribió Baby-led Weaning (BLW), libro que resume el método, que ya fue traducido a más de diez idiomas.

El sistema propone comenzar ofreciendo al niño alimentos blandos, en trozos lo suficientemente grandes como para que sobresalgan de su puño y lo pueda chupar. La autora da el ejemplo de frutas como manzanas que, cortadas en rodajas finas, se deshacen bastante bien en la boca. También filetes pequeños de carne blanda y verduras cocidas. La idea es poner al alcance de la guagua alimentos sanos para que elija qué y cuánto comer, aprovechando su curiosidad. Así, poco a poco, probaría diferentes comidas y la transición de la leche a lo sólido sucedería de un modo natural, a ritmo personal, de acuerdo con sus capacidades y necesidades.


¿Qué opinan los especialistas? El pediatra Andrés Muñoz destaca la necesidad de alimentar con papillas, pero no excluye la posibilidad de los alimentos enteros: “No habría problema en pasarle una fruta, sobre todo cuando empiezan a salir los dientecitos, pero teniendo extremo cuidado de que no vaya a sacar un pedazo muy grande, hay que estar atentos”.


Marcia Basulto es nutricionista e imparte talleres acerca del método (www.vegetarianoschile.cl). En sus reuniones aclara dudas y, sobre todo, da consejos para que las guaguas no se atraganten. “Mi referencia se basa en la Asociación Española de Pediatría (AEPED) y la Academia Americana de Pediatría (AAP), donde indican que el bebé está preparado para este método cuando se mantiene sentado sin apoyo, ya que esto indica maduración muscular y que el nivel digestivo también es suficiente”, dice la profesional, quien advierte que en casos de enfermedad o desnutrición el BLW no es aconsejable.


La pediatra de orientación antroposófica Carina Vaca Zeller no lo recomienda. “Se comienza con la leche materna, un alimento muy digerible; luego, lo ideal es pasar a los jugos para, más tarde, seguir con las papillas y después con los alimentos picados, de manera que la digestión pueda ir asumiendo, cada vez, un desafío mayor. Además, fisiológicamente, los primeros dientes aparecen, en promedio, a los ocho meses. Es decir, el mismo cuerpo muestra que antes no está preparado para masticar”. La especialista también plantea que hay que respetar el proceso de maduración: “El bebé-niño-adolescente humano requiere mayor guía por parte de los adultos, más que ninguna otra especie animal. El BLW no le da al bebé el tiempo necesario para que él se prepare progresivamente para la alimentación sólida. Asimismo, estimula el uso de las manos para comer y yo, como pediatra, indico una alimentación que los lactantes no podrían comer con sus manos, por ejemplo, semillas y cereales integrales”.


Dos experiencias diferentes


Pamela Azócar es mamá de tres niños y fundadora del blog Cien por Ciento Mamá (www.cienporcientomama.cl). Puso en práctica el método con su hijo Bautista cuando tenía cinco meses: “Empecé a darle arbolitos de brócoli cocido que él trituraba con sus encías o chupaba, se lo devoraba. Después probé con hojas de espinaca cocida, zanahoria y zapallito italiano cortados en juliana para que las pudiera tomar con su mano. También pechuga de pollo cortada en bastoncitos. Nunca le di papilla, solo alimentos enteros y pecho. Así fue aprendiendo de sabores y texturas, porque cuando le haces todo molido no saben reconocer. Hay que tener mucha paciencia, estar tranquila y cien por ciento pendiente de él, además de dispuesta a que el piso quede sucio. Aun así, lo recomiendo. De mis tres hijos, la mayor comió papilla hasta los dos años, porque no soportaba que le pasara algo sólido por la garganta. El segundo, comía bien pero cuando pasó a los picados, le costó un poco y no come de todo. Pero Bautista, que hoy tiene dos años tres meses, puede comer hasta cebolla con tomate. No le da miedo probar cosas nuevas, se divierte, para él no es un estrés comer. Y es súper independiente, nos sentamos a la mesa y él come su plato solo”.


Ivanna Mielniczuk también probó el método con su hijo Ian, pero al principio no resultó como esperaba: “Le di zapallo cocido al vapor, arbolitos de brócoli y coliflor, rodajas de zapallo italiano al horno sin piel, todo con una cucharadita de aceite de oliva prensado en frío extra virgen. También frutas: pera, durazno y plátano (sin semillas ni fibras). Mi pediatra me dijo que no habría problema en darle alimentos enteros que se deshagan fácilmente con la saliva, pero siempre observando, ya que existía un posible riesgo de ahogo. Como Ian se atragantaba, tendiendo a ahogarse, y me pareció un poco abrupto que pasara de líquidos a sólidos, preferí las papillas. Finalmente, comencé con el BLW cuando tenía ocho meses, cuando ya sabía masticar. Ahora, que tiene casi 11 meses, naturalmente rechaza las papillas y solo quiere alimentos enteros. Por eso siento que también hay que tener criterio y que cada mamá observe a su bebé”.


Si quieres leer el artículo original de Revista Mujer pincha aquí

Para leer mi experiencia con el BLW hazlo aquí